Qué debe llevar un parte de trabajo
Un parte casi nunca se discute por la firma: se discute por lo que hay escrito encima. Los campos que no pueden faltar, los que casi siempre faltan y los errores de redacción que salen caros.
Casi nadie discute un parte por la firma. Se discute por lo que hay escrito encima de la firma.
Y ahí está la trampa: un parte mal relleno se firma más rápido que uno bueno, porque hay menos que leer. El problema aparece semanas después, cuando en la oficina hay que convertir esa hoja en una certificación y lo que pone es «reparación varios», sin horas, sin zona y sin material.
Esto es lo que tiene que llevar un parte de trabajo de obra para que aguante ese viaje.
Los datos que no pueden faltar nunca
Son siete. No es una lista larga, y aun así es raro el parte que los lleva todos.
La obra, identificada como la identifica la constructora
Nombre de la obra y dirección, y si existe, el código o número de expediente con el que la constructora la lleva por dentro.
Ese código es lo que más rápido cierra una discusión, porque es el que usa la persona que va a recibir la factura. Una empresa instaladora puede tener tres obras abiertas con la misma constructora en la misma ciudad; «la de la avenida» no identifica nada.
La fecha, y la jornada cuando hace falta
La fecha del día en que se ejecutó el trabajo, no la del día en que se rellenó el parte. Cuando no coinciden y nadie lo aclara, se está describiendo un día distinto del que se trabajó.
Si el trabajo cruza varias jornadas, lo limpio es un parte por jornada. Un parte que abarca «del 3 al 9» obliga a alguien a repartir esas horas después, y ese alguien no estaba en la obra.
Quién ha trabajado y cuántas horas
Nombre y apellidos de cada operario, no «Juan». Categoría, si la facturación distingue entre oficial y ayudante. Hora de entrada, hora de salida y total.
Este es el bloque que se convierte directamente en importe, así que es el que más se mira y el que antes se rebate. Una fila con un nombre a medias y un número suelto es una invitación a discutirla.
Qué se ha hecho, con detalle suficiente
El campo más importante del parte y el peor tratado.
La regla práctica: qué, dónde y cuánto. Qué se ha ejecutado, en qué punto de la obra y en qué cantidad. Si alguien que no estuvo ese día no puede reconstruir la jornada leyendo el parte, el campo está incompleto.
- Mal:
Instalación eléctrica. - Bien:
Tendido de bandeja de 200 mm en falso techo del pasillo de planta 1, tramos A y B, 34 m. Montaje de 6 cajas de derivación.
No hace falta prosa. Hacen falta sustantivos, cifras y sitios.
Material y equipos empleados
Cantidad, unidad y descripción, en ese orden. 12 no es una cantidad; 12 m de tubo de cobre de 22 mm sí lo es.
Aquí entra también lo que no es material pero se paga: maquinaria, medios auxiliares, alquiler de plataforma, horas de máquina. Si se ha usado y cuesta dinero, va en el parte del día en que se usó.
Incidencias, esperas y trabajos parados
El apartado que más se deja en blanco, y el que sostiene el dinero que de otro modo se pierde sin más.
Un tajo que no estaba libre, un cuadro que no estaba alimentado, dos horas esperando a que otro gremio desalojara la zona, un día que se cayó por lluvia. Esas horas están pagadas a los operarios igual. Si no están escritas el día que ocurren, no existen: al mes siguiente son una versión frente a otra versión.
Conviene anotarlas con hora de inicio y de fin, no como «hubo esperas».
Las firmas, con nombre y fecha al lado
Una firma sola no identifica a nadie. Lo que identifica es el trazo más el nombre y apellidos en letra legible, más la fecha, más la empresa a la que representa quien firma.
Quién tiene que firmar exactamente y en qué orden está en quién firma un parte de trabajo en una obra. Aquí basta con lo que afecta al papel: dos huecos de firma, cada uno con su nombre escrito y su fecha, y ningún parte que salga de la obra con uno de los dos en blanco. Si esa firma se escapa, hay cosas que hacer el mismo día.
Lo que casi siempre falta y luego se echa de menos
Los siete anteriores los lleva casi cualquier plantilla. Los cuatro que vienen ahora no suelen estar en ninguna, y son justo los que se echan de menos cuando llega la certificación.
- Horas reales frente a horas facturables. No son lo mismo y conviene que sean dos columnas. Las reales dicen si la obra deja margen; las facturables son las que entran en la certificación. Cuando solo se apunta una cifra, o se factura de menos o se pierde el control de coste de la obra, y normalmente pasan las dos cosas a la vez.
- Lo presupuestado frente al extra. Un trabajo fuera de contrato tiene que quedar marcado como tal en el parte del día en que se ejecuta, no aparecer por primera vez en la factura. Y con la conformidad de quien lo pidió al lado. Un extra que se reclama tres semanas después ya no discute qué se hizo: discute quién lo autorizó.
- A qué parte de la obra corresponde. Portal, planta, zona, unidad de obra, número de pedido. Sin esa referencia, la oficina no puede imputar el trabajo a nada y alguien tiene que llamar por teléfono a preguntar.
- El número de parte. Correlativo, y siempre visible. Es lo que permite decir «falta el 214» en vez de darse cuenta a fin de mes de que falta algo sin saber qué.
Errores de redacción que cuestan dinero
Los campos pueden estar todos y el parte no valer. Estos son los fallos concretos que lo tumban.
- Descripciones vacías. «Varios trabajos», «reparación», «lo de siempre», «continuación». Describen la sensación de la jornada, no la jornada. Son las que se convierten en «esto no consta» cuando se revisa la certificación.
- Cantidades sin unidad.
3 cable,20 tubo. Dentro de un mes nadie sabrá si eran metros, rollos o unidades, y la duda siempre se resuelve a la baja. - Abreviaturas de casa. Las que solo entiende quien las escribió. Funcionan mientras esa persona siga en la empresa y se acuerde.
- Firmas ilegibles sin nombre. Un garabato sin nombre al lado no permite decir quién dio la conformidad. Con eso no se sostiene nada tres meses después.
- Rellenarlo al día siguiente. Deja de ser un parte y pasa a ser una reconstrucción de memoria. Se nota, porque desaparecen justo los detalles que valen dinero: las esperas, los metros exactos, el material que se bajó de más.
- Tachones y correcciones sin fecha. Corregir un parte no es problema; corregirlo de forma que no se sepa qué decía antes ni cuándo se cambió, sí.
Una aclaración, porque la conversación se va sola hacia lo jurídico: aquí se está hablando de cómo organizar el trabajo en obra para que los partes sirvan. Si la duda es si un parte es obligatorio en tu caso, cuánto tiempo hay que conservarlo o qué te protege legalmente, esa pregunta es para tu asesor o tu abogado, no para un artículo.
Papel o digital
Conviene decirlo sin trampa: el papel hace bien varias cosas y ninguna es menor.
No necesita batería. No necesita cobertura, y hay obras enteras en sótano donde eso decide. Lo sabe usar cualquiera, sin explicar nada, el primer día. No se actualiza a mitad de jornada ni se queda cargando. Y firmar en una hoja es un gesto que nadie tiene que aprender.
Lo que el papel no hace, y donde está toda la diferencia:
- Fotos pegadas al propio parte. En papel, o no hay fotos, o van sueltas en un WhatsApp que tres semanas después nadie encuentra. Una foto del tajo terminado dentro del mismo documento vale por media discusión.
- El parte llega a la oficina el mismo día. No cuando alguien se acuerda de vaciar la furgoneta. Y un parte que llega hoy se puede corregir hoy, con la jornada fresca.
- Campos obligatorios. Un parte digital se puede diseñar para que no se cierre a medias. El papel se entrega igual con la mitad de las casillas en blanco, y el que lo recibe se entera tarde.
- Horas y materiales en un formato que se suma. Sin transcribir a mano, sin teclear cien hojas a fin de mes y sin las erratas que salen de teclear cien hojas a fin de mes.
- La firma queda con nombre y fecha. No un garabato anónimo del que no se sabe ni el día.
No es que uno sea moderno y el otro antiguo. Es que son dos formas de hacer el mismo parte, con distinto reparto de esfuerzo: en papel el trabajo se hace después, en la oficina; en digital se hace en el momento y en obra, que es cuando cuesta menos.
Cómo lo plantea Werqo
Werqo parte de esta lista, no de un formulario genérico de avería y cliente.
El operario rellena el parte en el móvil en la propia obra: obra, jornada, horas por persona, trabajo ejecutado, material con su unidad, incidencias y fotos. El parte no se puede cerrar con campos obligatorios en blanco. Ahí mismo firma el jefe de obra de la constructora con el dedo en esa pantalla, y después el encargado del gremio: en ese mismo móvil si está en la obra, o desde el suyo si anda en otra. Las dos firmas quedan con nombre y fecha, el documento se sella para que no se pueda modificar por detrás, y sale enviado sin que nadie tenga que llevar un papel a ninguna oficina.
El recorrido completo, paso a paso, está en cómo funciona.
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